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lunes, 16 de febrero de 2015

Sanidad advierte de los peligros de pronunciar a la ligera la frase “no hay cojones…”

Aquí el grupo de corraleños que dijo eso de "no hay cojones... a ir a ver el amanecer en la playa". No se que pensáis vosotros, pero..¿Hay o no hay cojones?

 

Cirilo Sabelotó médico especializado en el tema de la rebeldía juvenil y no tan juvenil, asegura que no hay droga ni mala compañía alguna que afecte más a la mente de nuestros jóvenes, que pronunciar la famosa frase “no hay cojones…” en el momento más inoportuno. Su utilización precipitada y sin conocimiento, puede acabar produciendo daños físicos irreversibles y sufrimientos gratuitos a familiares y amigos.

 


Seguramente que con la ola de frio del pasado fin de semana de Santa Águeda, a más de un grupo se le habían quitado las ganas de acercarse a disfrutar de un día de campo en nuestra emblemática sierra. Pero en cuanto uno de los integrantes pronunció la famosa frase de “no hay cojones… de subir a la sierra” se acabó el estado de negación y hasta el más friolero se puso el chándal del rastro, las zapatillas Noke y el coche de papá, y salió zumbando para el campo a respirar aire puro, aunque éste cortase la respiración.

He aquí un ejemplo reciente de la gravedad que supone pronunciar esa endemoniada frase. Justo después de pasar ese “fresquito” día en la sierra, las urgencias del centro de salud se colapsaron por completo con la llegada masiva de jóvenes con síntomas de hipotermia y enfriamiento, ocasionados por esa escapada al campo a la que todas las madres se habían negado desde el principio.

“Jamía no hay na que hacer, como se encabezonen ya les puedes decir lo que quieras que van hacer lo que les dé la gana. Y mira que les dijimos que a dónde iban con la que estaba cayendo. Pero como si se lo dices a la paer, NI PUTO CASO  NOS HICIERON. Y ahora mira, tos malos y aquí una sufriendo por ellos. Vale que están en una edad mu mala, pero… ¿es que ninguno utiliza el sentido común? Ala que soy la siguiente pa Don Ángel, adiós”

Pero este no es un caso aislado, sabemos de otros jóvenes que utilizaron esa misma frase en una alegre noche de verano, y acabaron durmiendo en la playa de Benidorm en pelotas. Y cuando por la mañana les preguntaron los agentes que qué hacían en ese lugar, los único que respondieron fue: “pfff yo que se tío, lo último que recuerdo fue la frase “no hay cojones… a ir ahora mismo a ver amanecer en la playa” y desde entonces no tengo más que lagunas. Adiós chavaaaaal que fuerteeeeee. Eso sí, no llaméis a mis padres que si no me fostian”


"lo último que recuerdo fue la frase “no hay cojones… a ir ahora mismo a ver amanecer en la playa” y desde entonces no tengo más que lagunas. Adiós chavaaaaal que fuerteeeeee"

He aquí otro claro ejemplo de los estragos y contraindicaciones de la famosa frasecita, mezclada con drogas o alcohol, que en ocasiones lleva a jugarse la vida por culpa de conducir bajo los efectos del alcohol. Seguro que más de uno se siente identificado con estos muchachos.

Otro ejemplo recogido en nuestro amplio historial, nos viene a situar durante la época de verano, y más concretamente durante las fiestas. En esta ocasión se trata de los grupos de  jóvenes que disfrutan entusiasmados de la disco móvil, hasta que a uno se le ocurre gritar eso de “no hay cojones… a beberse la botella de un trago” Y sin pensarlo dos veces cada uno coge su botella de Vat 69 y comienza a ingerir todo lo que su cuerpo le permite de un trago. La mayoría no llega a beberse ni la mitad de la botella, pero siempre hay un pobre ignorante que por provocar la admiración de los demás, se la chasca entera con el consiguiente coma etílico que le acompaña y la movida para los sanitarios de la localidad que lo mandan directamente a Toledo.

“Este tipo de casos no nos sorprende -decía una sanitaria del centro médico- pues es habitual que en cuanto se sobrepasa el nivel de testosterona de los machotillos corraleños, y alguien dice la famosa “frasecita” la cosa ya se sabe cómo termina. Y claro como a esas edades nadie quiere ser menos que nadie, pues ahí empiezan los problemas. Eso sí, curiosamente el que pronuncia el “no hay cojones…” no suele ser de los más perjudicados, pues siempre hay otro más tontejo o más acomplejaíllo que pica”  

Esto en cuanto a casos relacionados con la bebida, pero no piensen que todo tiene que ver con el alcohol, que nos encontramos el año pasado un caso formado por dos parejas de veinteañeros, que tuvieron que ser transportados en helicóptero al hospital de Toledo con severos síntomas de deshidratación, que era para haberles dado encima una paliza a culo visto.

Cuando les preguntamos las causas, nos contaron que: eran las 6 de la tarde y estábamos ya terminando el día, pero todavía nos quedaba media fanega para terminar la viña. Y a lo tonto a lo tonto, el Manolo que es mu de bulla, dijo eso de “no hay cojones… a tirar palante y terminarla entera” y cuando nos quisimos dar cuenta eran las 5 de la tarde del día siguiente. Estábamos como poseídos, vamos… que ni nos enteramos que habíamos estado to el día agachaos sin detenernos ni una mieja a comer, a descansar o a mear. Y es que al oír esas palabras se nos activó algo extraño en el cerebro y nos fue imposible parar. Eso sí, la viña la terminamos y Gregorio el capataz ya nos tiene la plaza asegurá pa el año que viene. Aunque yo no creo que pueda, pues me he quedao sin riñones por el esfuerzo”


"el Manolo que es mu de bulla, dijo eso de “no hay cojones… a tirar palante y terminarla entera” y cuando nos quisimos dar cuenta eran las 5 de la tarde del día siguiente"

Como podemos comprobar, la inconsciencia y el alto grado de machotismo adolescente, puede llevar a más de uno a perder algo más que el juicio.

Siguiendo con la recopilación de casos, encontramos situaciones similares hasta en la Semana Santa. Se pueden creer que se está poniendo de moda en las procesiones decir eso de “no hay cojones… a llevar to los santos” El desafío no consiste en otra cosa que prestarse una y otra vez a cargar todas las imágenes que podamos, en un intento por batir un estúpido record que lleva a esos jóvenes al día siguiente, a quedar postrados en la cama sin poder moverse y con destrozos en varias vértebras. Y como ahora todo se graba con el móvil, la gracia es quedar ante sus compañeros como verdaderos machotes penitentes, con vistas al ligoteo, aunque no sabemos cómo se apañarán, pues después de semejante palizón es imposible que se les levante… el ánimo.

Pero no crean que se libran los mayores de invocar la frasecita. Hace poco nos encontramos con el caso de un grupo de jubilados que jugaban tranquilos al truque en el bar de Fritas, hasta que el que iba perdiendo soltó eso de “no hay cojones… a jugarnos las tierras que tenemos tos en la camarera” y claro si Fulanito dice que sí, Menganito no va a ser menos. Total que tuvieron que llamar a los municipales por que no había manera de terminar la partida, ya que al no querer perder ninguno sus terrenos, todos pedían la revancha al instante.

Tuvo que llegar la mujer de uno, conocida por ser más sargento que el de la Guardia Civil,  la que les soltara dos hostias bien das a cada uno, y se acabó la disputa. “Si es que son como críos, con la edad que tienen y les da por hacer esas tontás. Más les vale que demuestren su hombría con cada una de nosotras, que nos tienen abandonás. Tira pa casaaaaaaaaaaaa que vas a llevar pal pelooooo so záaaaangano. Te paecequé el de jugarse las tierras, que será lo próximo jugarte a la parienta? Pero que a gusto se quedó tu madre cuando te casaste conmigo”

Como podéis comprobar, cuidadín con pronunciar la frase “no hay cojones…” delante de ciertas personas, porque las consecuencias pueden ser irreparables. Y si por cualquier motivo escucháis las famosas palabras, más vale haceros los castrados que asumir después las consecuencias.



Desde el hospital, hinchado a antiinflamatorios por mi castramiento voluntario: Cirilo Sabelotó.


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