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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Íñigo Errejón acusado de ser Casta por tomar una cucharada de lentejas más que su hermano.

Momento en el que Íñigo fue definido como Casta por comerse una cucharada más de lentejas que su hermano. Y ésto es sólo el principio.

 

 

La campaña de difamación lanzada por los principales medios periodísticos y televisivos (la voz de su amo de los grandes partidos) contra quienes amagan con limpiar España de tanto sinvergüenza y tanto chorizo (léase Podemos), no tiene parangón en nuestra historia más reciente y está llegando a límites insospechados.

 

Después de burlarse y reírse a pierna suelta de la indignación de los jóvenes con los movimientos del 15M, después de proclamar a los cuatro vientos que eran cuatro perro-flautas sin futuro, después de demostrar su desprecio a los ciudadanos robándoles a manos llenas y delante de su cara…. ahora resulta que los políticos tienen miedo
Y no sólo tienen miedo, es que es tal el canguelo que les ha entrado ante las perspectiva de perder sus escaños, sus alucinantes sueldos, sus viajes gratuitos y en clase preferente, sus dietas, sus móviles y ordenadores de última generación, sus pensiones con apenas ocho años de trabajo, su blindaje ante los tribunales, en definitiva: “sus asombrosos privilegios”, que en su  desesperación están dispuestos a llegar adonde sea, con tal de que los de Podemos aparezcan como la reencarnación del mismo diablo.


"...sus pensiones con apenas ocho años de trabajo, su blindaje ante los tribunales, en definitiva: “sus asombrosos privilegios”

El problema es que los integrantes de la nueva formación no tienen pasado político que echarles en cara, por lo que los habituales perros de presa de los partidos (periodistas difamadores) han tenido que ponerse las pilas y rizar el rizo a la hora de buscar de dónde tirar, para, como se dice vulgarmente: “pringarles de mierda hasta las orejas”. Pero claro, como a los periodistas -y ya no te digo a los políticos- se les ve el plumero a la legua; y sus mentiras no sólo no cuajan sino que en ocasiones lo único que consiguen es que la gente se indigne todavía más, han tenido que remontarse hasta a la etapa de bebé de los miembros de la formación, para intentar buscar algo de dónde tirar.
Fue de esta manera, indagando en la niñez de Íñigo Errejón, que descubrieron que con sólo 8 añitos de edad (aunque ya por esas fechas aparentaba menos) era de apariencia tímida y más bien escachumizado. Descubrieron igualmente que le gustaba hablar más que a un tonto una tiza y encandilar a los demás niños del colegio con sus propuestas sobre los derechos de los estudiantes en el recreo. Preguntando a sus viejos compañeros de clase, se enteraron también de que un día, mientras los profesores estaban despistados hablando de sus cosas, se le acercaron de buen rollo dos adolescentes con la cara "lodá" de granos: Eduardo Guinda y  Paco Malolienda (chivatos y pelotas oficiales del malote del colegio y por lo tanto con bastante futuro en el mundo del periodismo) y, tras interesarse por sus demandas y aparentar apoyar sus reivindicaciones, consiguieron entrar en su reducido círculo de amigos.


"Eduardo Guinda y  Paco Malolienda (chivatos y pelotas oficiales del malote del colegio y por lo tanto con bastante futuro en el mundo del periodismo)"

Inocente y más bien ingenuo, Errejón los invitó un día a casa y sin previo aviso se le presentaron justo antes de comer. Educadísima, la mamá de Íñigo puso dos platos más en la mesa y los invitó a probar las lentejas, que era lo que había aquel día, pero ellos muy corteses rechazaron la invitación alegando que ya habían comido. Quedaron pues contemplando cómo engullía la familia, hasta que en un determinado momento, se levantaron de repente de sus sillas y salieron corriendo gritando a grandes voces: "Casta….. Íñigo es Casta… Íñigo a tomado una cucharada de lentejas más que su hermano….. es Casta …. es Casta". Y se fueron corriendo a informar al malote del colegio, para que éste le montase una campaña de desprestigio en el patio. 
Treinta años después de aquellos ridículos acontecimientos y al no tener de dónde tirar para “pringarlo de mierda”, uno de esos rastreros y bien pagados periodistas volvió a utilizar las lentejas para acusar de Casta a Errejón, aunque nos tememos que como siga por ese camino quedará finalmente como un bufón.


Desde la plaza mayor de Madrid y comiendo un bocadillo de calamares, les informó: Pitita Collares


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