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lunes, 24 de noviembre de 2014

Una seta afrodisiaca causa furor entre algunos ancianos de la localidad.

Los integrantes de la Hermandad estaban tan eufóricos por semejantes sensaciones, que no dudaron en volver a usar la seta para, esta vez, complacer a sus parientas.





Ni revistas porno, ni videos guarros, ni viagra, ni leches. Lo más de lo más para animar “el  cotarro” por no decir otra cosa, es una seta del genero faloides que, como su propio nombre indica, ayuda a levantar los ánimos hasta a los “miembros” más deprimidos de la población.



El hallazgo se produjo de manera casual, cuando en las últimas gachas que celebraba la cofradía de la Perpetua Miseria de San Cirineo (y hemos dicho gachas y no corderos, que esta hermandad es pobre y no tiene nada que ver con las cofradías de Semana Santa) sus integrantes comenzaron a notar cierto hormigueo en salva sea la parte. 

Preocupados en un principio a nivel personal, pues cada uno de ellos pensaba que solo le estaba sucediendo a él y no a los demás compañeros de rancho, intentaban disimular como podían las cosquillas que les producía ese extraño despertar, compaginando la sorpresa con el disimulo y sobre todo con una profunda dosis de alegría, ilusión y más que nada “esperanza”. "¿Será posible que se haya activado otra vez el mecanismo del pito?" pensaban para sus adentros, mientras el brillo de los ojos y el vino de la bota reflejaban por momentos su euforia. 


"¿Será posible que se haya activado otra vez el mecanismo del pito? pensaban para sus adentros"

Bueno, en honor a la verdad debemos decir que no todos lo estaban disfrutando. Que el tío Virtudes, conocido por no perderse nunca una misa y rezar diez o doce rosarios diarios, se sentía tremendamente culpable por aquel inesperado e involuntario regalo, que él consideraba pecaminoso y propio del diablo más que objeto de celebración. De hecho, desde que don Argimiro el cura le echó una bronca a los doce años por tocarse, Virtudes decidió guardar para siempre aquel colgajo de carne infernal y castigarlo con agua fría cada vez que intentaba rebelarse. Con el tiempo acabó creyéndose elegido por Dios y el único de Corral que era puro  y merecía verdaderamente llevar el palio. Y mira que en una ocasión llegó incluso a pensar: “que si aquello era realmente un vehículo del demonio, ¿porqué Dios lo había colocado ahÍ y le había dado esa forma?". Pero borró rápidamente ese razonamiento de su cabeza por pecaminoso y acabó concluyendo que si Dios lo había puesto ahí sería para probar la resistencia del hombre ante el pecado. Y de esa manera se quedó tan tranquilo.

Pues en eso estaban nuestros ancianos cofrades (que arrastraban una media de 74 años) cuando el tío Melitón Esgarramantas, que siempre había sido bruto como él solo, pero también claro como el agua del río cuando era río, exclamó: “Te paeque la hostia que lleva treinta años sin dar guerra y ahora se me quié vantar” Los demás componentes de la rústica comida se miraron perplejos unos a otros sin saber muy bien por donde iba Melitón, hasta que éste se echó mano a la entrepierna y señaló sin complejos un bulto que sobresalía a un lado del que le formaba el moquero. Todos entonces se dieron cuenta de que, “o bien San Cirineo había obrado un milagro en toda regla, o más probablemente las gachas tenían algún ingrediente que había propiciado la resurrección de la carne antes del juicio final”.


“o bien San Cirineo había obrado un milagro en toda regla, o más probablemente las gachas tenían algún ingrediente que había propiciado la resurrección de la carne antes del juicio final”


Fue el tío Venancio Remolino, tan curioso e inquieto como siempre, el que reconoció haber echado una seta con una apariencia extraña y un color precioso anaranjado. “si es que tenía una pinta tan hermosa que me dio cosa no echarla en el caldero” -aclaró el rubicundo vejete-. “No jodas Venancio" –intervino ahora el tío Leónidas con su habitual parsimonia- "que nos has podío matar. Tú imagínate si hubiá sio venenosa la que nos podías haber liao…..” “Pero bueno, como no hay mal que por bien no venga -añadió ahora el tío Niceforo- "pelillos a la mar. Ala ya nos estás diciendo donde encontraste la seta y a callar to el mundo que “lo que les ocurre a los hermanos de San Cirineo en sus reuniones no se cuenta en las confesiones”…. ¿Entendido Virtudes?........"

Y disfrutaron como pudieron y alguno sin continente, de su miembro renaciente. Bueno todos menos uno………. Y colorín colorado……


Desde la Portá de los Orejas les informó: Perico Madreja.



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