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lunes, 23 de junio de 2014

Corraleñas en la Coronación de Felipe VI.

En el interior del autobús la alegría y diversión se contagió entre todas las viudas. Bueno... todas todas no. Alguna no sabemos que planes tenía en mente.

 

 

Durante la pasada semana, la Asociación de Grandes Empresarios Beneficiados por el Mangoneo, en su desinteresado afán por mantener su envidiable situación económica y sus privilegios fiscales, se encargó de promocionar los actos de la coronación de Felipe VI, a base de imprimir posters a todo color con la imagen de los nuevos reyes y fletar autobuses gratuitos para que la gente de los pueblos, ilusionada por visitar Madrid, acompañase eufórica y sin rechistar a los nuevos monarcas.




Conocida la posibilidad de hacer un viaje totalmente “de balde”, Aguedita Cantalasranas, presidenta de la Asociación de Viudas Santa Prisca y mujer decidida donde las haya, movió todo lo que tenía que mover -para envidia de los concejales- y se puso rápidamente en contacto con los mencionados empresarios, consiguiendo que éstos le costeasen el autobús de Anastasio.


Visto y no visto. A las siete de la mañana del jueves, se juntaban “en la parada del Auto-rés que siempre será” -como dicen ellas- cincuenta viudas de avanzada edad, provistas de “chivatas” de colorines y bolsos de salir de fiesta, dispuestas a comerse el mundo o por lo menos las tortillas y los huevos rellenos que llevaba la Emiliana en el taper. “Rengás” en su gran mayoría, pero con un entusiasmo que ya quisieran para sí los concejales del ayuntamiento, fueron subiendo poco a poco en el autobús y ocupando sus respectivos asientos. Después de alguna pequeña refriega por ocupar los de delante, la feliz excursión se puso en marcha, al tiempo que todas se persignaban y se acordaban de la Virgen de la Muela.
A pesar de la ilusión por asistir al acto, pero por culpa de su avanzada edad, la mayoría se encontraba roncando antes de llegar a Villatobas y sólo la Petrita, con su habitual manía de cantar la espigadora en cuanto se juntaban cuatro, vino a romper el proverbial descanso de las ancianas. “Pero cállate muchacha…” gritó entonces la Antonia la del mercado, y todas obedecieron sin rechistar dada su corpulencia, volviendo de nuevo la paz y el silencio al entrañable autobús.



“Pero cállate muchacha…” gritó entonces la Antonia la del mercado, y todas obedecieron sin rechistar dada su corpulencia"


Una vez en la estación de Atocha, que es lo más que pudieron acercarse, y en vista de que la mayoría no estaban para recorrer grandes distancias, la Nati propuso coger un autobús que las dejase en la plaza mayor y desde allí moverse cuesta abajo hasta acercarse al Congreso. Dicho y hecho, después de meterse el dinero entre las tetas por si las moscas y abarcar todo el autobús, se lanzaron a la aventura madrileña con la alegría de unas colegialas y las voces propias de la sordera que arrastraban buena parte de ellas. 



Llegadas a Jacinto Benavente, la Hilaria propuso hacer una visita a una iglesia cercana: “chicas ya que estamos aquí vamos a hacer una visita a San Judas Tadeo que está aquí al lado y es mu milagroso”…. Ala allá que te van las cincuenta viudas del bracete a San Judas Tadeo. Después de un rato de oración en ese sitio tan fresquito, que alguna aprovechó para descansar y echar un cosquín, la presidenta dijo “ala que es tarea” y las cincuenta se pusieron de nuevo en camino. 


Transcurridos apenas cien metros, la Ignacia dijo que ella tenía que tomarse la pastilla de la tensión -que ya le tocaba por la hora- y que las demás hiciesen lo que quisiesen pero ella se iba a tomar un café con churros en cualquier bar. Propuesta aceptada por las cincuenta con gran regocijo, que inmediatamente se metieron en el bar Pepe y sacaron sus respectivas pastillas, comenzando un guirigay de cápsulas del reuma, pastillas del azúcar y sobres del colesterol, que terminaron por volver loco al camarero, ya de por si agobiado con los cafés y los vasos de agua. Después de hora y media larga en el bar, entre que les sirvieron los cafés y fueron al wáter en riguroso orden, la presidenta dijo “venga chicas que se nos echa la hora encima” y salieron a la calle con ansias renovadas.


Esta vez fue la Eusebia la que después de atravesar varias calles dijo “Qué valor, pasar por la puerta de Santa Rita y no entrar a rezar. Ala venga si no tardamos ná” Y de nuevo se metieron en otra iglesia, dispuestas a echar unos rezos a la abogada de lo imposible. Después de otra media hora larga porque a la Rosario se le antojó poner una vela y el aparato no se encendía, reanudaron la marcha. 


“Qué valor, pasar por la puerta de Santa Rita y no entrar a rezar. Ala venga si no tardamos ná” Y de nuevo se metieron en otra iglesia, dispuestas a echar unos rezos a la abogada de lo imposible"


Llegadas ya a las cercanías del congreso y entre la confusión del gentío y la mala leche de los policías, o quizás por la costumbre de tantos viernes de cuaresma a sus espaldas, el caso es que se pusieron en una cola sin preguntar y cuando se quisieron dar cuenta estaban dentro de la iglesia de Jesús de Medinaceli. “Bueno pos ya que estamos aprovechamos la ocasión, verdad chicas”… comentó la Eulalia y todas se mostraron conformes “además aquí estamos mu fresquitas…..” añadió la Pili. Total que cuando aguardaron a salir, el acto se había terminado y en la calle no quedaba ni el tato.


Amooos a cualquiera que se lo contemos…. -Se reía la Ambrosia-… ña que estamos echas unos cachos zurrones, tu te crees que venir a la coronación y volvernos sin ver ná…. Dices tu que reíte… bueno luego lo vemos en la tele que se ve mejor -comentó la Ignacia- si total a nosotras lo que nos interesaba era danos una vuelta gratis por Madrid y eso es lo que hemos hecho, no le deis mas vueltas. Ala vamos a comprar unos bocadillos de calamares y nos los comemos aquí mismo en la plaza de las Cortes.



"ña que estamos echas unos cachos zurrones, tu te crees que venir a la coronación y volvernos sin ver ná…. Dices tu que reíte… bueno luego lo vemos en la tele que se ve mejor, si total a nosotras lo que nos interesaba era danos una vuelta gratis por Madrid"


“Y yo que me había traído hasta una bandera que me había dejao mi chico”, -añadió con cierto pesar la Eduvigis, desplegándola en ese momento-. La cara de las de al lado se convirtió en un poema, con la boca abierta y los ojos fuera del casco. Pero Eduvigis hija mía, cada día estás más tonta, no ves que esa bandera tiene tres colores ¿No te das cuenta que es la bandera de la república? ¡¡Pos anda que si la sacas en el momento de pasar los reyes!!  Hija mía la que nos podías haber liao, lo mismo nos hubieran detenido a todas y hasta nos hubieran pegao con las porras. Momento en que la Damiana –que estaba sorda como una tapia- comento con cara de despiste: “Qué decis de porras” y todas comenzaron a troncharse de risa con el repentino interés de la Damiana, “Anda la que no oye” comentó entre risas la Ambrosia “en que estará pensando la hermana” añadieron varias con picardía y todas se partieron de risa, cual colegialas sin profesoras.

Total que después de visitar tres iglesias, dos bares y el parque del retiro, la excursión de las viudas se volvió tan campante para el pueblo -sin haber asistido a la coronación- pero encantadas por haber sido capaces de sacarles los dineros a aquellos que tanto se habían aprovechado de los pobres. Ya lo dijo la Aguedita: “Quien roba a un ladrón…..”




Desde el auto-res que siempre será: Pepita Poncillo.




1 comentario :

  1. Muy gracioso,el lenguaje es corraleño.Saludos.

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