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miércoles, 30 de abril de 2014

Un estudio desvela cómo afecta la primavera a los corraleños.

Como podemos apreciar en la fotografía, la primavera afecta de una forma particular a los corraleños.

 

La llegada de la primavera no sólo supone alegría, sol, pajaritos cantando y buen tiempo para los vecinos, sino también cambios meteorológicos drásticos en los que tan pronto llueve como nieva, hace sol, graniza, hace un frío que pela o te atizan unos airazos que paqué… ¡Lástima permanentes!... Y no nos olvidemos de las alergias que se van apoderando cada vez más de nuestro sistema inmunológico. Hasta hace pocos años nadie tenía este problema y ahora, con tanto avance y tanta guarrería como comemos, rara es la persona que no tiene alergia a algo. ¡Toma progreso!



Pues bien, un reciente estudio realizado por la Universidad de Toronto (con sede en Cabezamesada) ha desvelado que esta estación es más peligrosa de lo que se pensaba. Los cambios que ocasiona en nuestro organismo son tan drásticos que son sólo comparables con los que ha ocasionado nuestro párroco a los corraleños menos practicantes. El todopoderoso sigue colgando el cartel de completo en todos sus actos.

Estos cambios primaverales, que se dejan ver desde el primer día, brotan sin avisar con la llegada de los primeros rayos de sol, y sacan a la luz nuestros instintos más primarios (que permenecen agazapados durante todo el invierno) ocasionando un mal carácter y una agresividad desmesurada que afecta hasta al más dócil de los vecinos.

No es extraño por lo tanto, que en cuanto llega esta época comienzan a aparecer “agresiones en la plaza”, “trifulcas en las peluquerías”, “bastonazos en el centro de salud” y hasta “peleas en el mercado”. Estos son sólo algunos de los ejemplos de cómo afecta la primavera a los ciudadanos de Corral de Almaguer.



“agresiones en la plaza”, “trifulcas en las peluquerías”, “bastonazos en el centro de salud” y hasta “peleas en el mercado”


Todos conocemos a Gregorillo, el que un día fue un apuesto joven terrateniente (forrado hasta las orejas) y que todavía sigue en la soltería esperando el amor de su vida. ¡Quién iba a pensar que ese entrañable personaje, que frecuenta la plaza de vez en cuando y tarda en recorrerla medio día, iba a pegarse con Nimio, ese profesor jubilado que sólo sale a la calle para ir a la Iglesia y nunca entabla conversación con nadie!

Pues bien, el destino y la jodía primavera, hicieron que se cruzasen sus respectivos caminos cuando uno iba a misa y el otro contaba los baldosines de la plaza. Como resulta que ninguno quería apartarse para que el otro pasara, se les empezó a poner una mala fondigna, que acabó dejándolos sin muelas y llenos de moratones, previa absurda pelea por no ceder el paso al otro. Menos mal que estaba enfrente la policía y la cosa terminó sin coste alguno para el Ayuntamiento. Hay quien dice que desde pequeños se tenían tirria y no se podían ni ver, o que de mayores se quitaron alguna pareja, y claro, to eso se queda ahí recocío y pasa lo que pasa. ¡Ojo… ya tan grandes…!

Pero no quedaron ahí los altercados del día, que la cosa se lió parda en la famosa peluquería de la Séllez a eso de las 4 de la tarde, cuando su dueña, nerviosa y preocupada, tuvo que llamar a los municipales al ver los secadores por los aires.

Resulta que Amparito y Genoveva, amigas y vecinas de toda la vida además de muy activas en lo del mantenimiento y limpieza de la Iglesia, se agarraron de los pelos por la simple discusión de a quién le quedaba mejor el potaje y si era mejor echarle acelgas o espinacas. La Amparito que si el sabor era más áspero con las acelgas y la otra que si la espinaca le quitaba intensidad al garbanzo. Total, que estando las dos metidas en la máquina de la permanente -y ya en caliente- empezaron a soltarse pescozones sonoros de esos que no hacen mucho daño pero que impresionan y mandan las gafas a tomar viento. La dueña, que temía por su exquisito mobiliario, llamó a una de sus vecinas que no suele hacer régimen, para intentar frenar aquella locura, pero ni entre varias fueron capaces de parar tanta agresividad. Sólo con la ayuda de la policía y el cartero, que pasaba por allí en esos momentos, pudieron separarlas calvas como bombillas, pero convencidas de haber ganado su batalla particular sobre el potaje. Según otra vecina, parece que se tienen envidia desde que las dos le planchan los roquetes al cura.


"empezaron a soltarse pescozones sonoros de esos que no hacen mucho daño pero que impresionan y mandan las gafas a tomar viento"


Todo parecía haberse calmado en la población, cuando la que da cita en los médicos llamó a los policías para que fueran urgentemente al centro de salud. Según parece, Gabriel y Manolo, dos jubilados asiduos a tomarse la tensión y a las tertulias de la plaza, se ensañaron con don Nicomedes, médico de guardia, por decir que iba un momento al baño antes de antenderles. Los agresores, sin dudarlo un momento, se liaron a mamporros con el doctor, a la voz de “jodío que me tengo que ir a jugar al truque” o “a mí no me haces esperar que tengo que ir a besar a Jesús”

Cuando llegó la policía el médico ya estaba molido a palos, con el ojo como una berenjena y pérdida de conocimiento. Los dos agresores alegaban que: “el jodío nos la tenía jurá desde que le contamos a sus admiradoras que sufría de almorranas. Desde entonces no ha parado de hacernos feos, pero mira tú por donde ahora el feo es él. Ala ahí se os queda,  nosotros nos vamos a nuestros quehaceres, que luego nos espera la parienta y esa no perdona”

Y ya como último suceso ocurrido el mismo día de un día cualquiera de la primavera, varios vecinos nos informaron de la que se lió en la cola de una conocida carnicería del mercado municipal, cuando Antonio el canica, empleado municipal de to la vida encargado del alumbrado, quiso colarse por todo el morro.

“Al parecer” -según nos contó la Fili la limpiadora- “las vecinas pensaron que Antonio se les pensaba colar utilizando sus privilegios del Ayuntamiento, jajaja que tonta es la gente oyes si el angelico sólo quería cambiar un fluorescente. Yo creo que unas estaban ya más que hartas de esperar a que María Cansinez se decidiera a comprar pollo o cordero, otros parecían cansados de hablar del tiempo con el de al lado, y otras se sentían observadas y mal miradas por sus vestimentas. Todo eso desató lo que desató, que yo lo vi todo y claro lo pagaron con el pobre muchacho. Si es que ya no hay paciencia en este mundoooo. Y anda tira de aquí que me estás pisando lo fregao”.


“las vecinas pensaron que Antonio se les pensaba colar utilizando sus privilegios del Ayuntamiento, jajaja que tonta es la gente oyes si el angelico sólo quería cambiar un fluorescente"


El pobre Antonio recibió tantos golpes que su cara parecía carne picá. Tuvieron que llevarlo a urgencias, aunque, como el médico también andaba indispuesto por otros golpes, no hubo más remedio que llevarlo al hospital de Alcázar, donde se sabe cuando se entra pero no cuando se sale.

Después de tantos incidentes, sólo nos queda avisar a los responsables del estudio para que extremen sus precauciones, pues se oye por el pueblo que como los vean andorrear por Corral los espiazan, porque esos estudios no valen más que para desprestigiar al pueblo y ya arrastramos suficiente desprestigio en la comarca.

En definitiva, que en Corral lo de que “la primavera, la sangre altera”, se refiere a estos cambios  en el humor de la gente y no a esos otros hormonales que todos pensamos.



Desde la puerta del Día y acojoná por las cara que me ponen algunas: Sonia Guantazo Limpio.


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