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lunes, 24 de febrero de 2014

Encuentran los brotes verdes del gobierno en el Parque Municipal. (cuento surrealista)

Críspulo en el fatídico momento de encontar el p... brote.


Críspulo Borreguero, jardinero de profesión y vecino del barrio de Santa Ana, recibió uno de los mayores sustos de su vida al toparse de frente con unos brotes verdes que surgían sin avisar entre la hojarasca del parque municipal (bueno, lo que queda de él). Temeroso ante la posibilidad de que se tratase de los tan cacareados brotes verdes del gobierno, Críspulo dio un respingo y exclamó “Uy la Virgen” decidiendo a continuación llamar a su superior en el cargo.



Tomás Gandul que la Chaqueta un Guarda, funcionario municipal encargado de podas salvajes y setos resecos, andaba desayunando tranquilamente en su casa, como solía hacer desde que lo enchufaron en el ayuntamiento, cuando su subordinado Críspulo lo llamó todo sofocado y con la voz entrecortada. “Tomás, tío, tienes que venir cuanto antes….. he visto un brote verde del gobierno agazapado junto a una esparraguera”


“Amos no jodas Críspulo –contestó Tomás- no me seas infantil que te he dicho que to eso son inventos de los políticos para justificar su ineptitud. Que los brotes verdes no existen, que son los padres…quiero decir las estadísticas falseadas... ¿Cuántas veces te voy a decir que no te creas lo que dicen las televisiones?..... Será una cebolleta antisistema o algún bulbo que intenta hacerse pasar por un brote para infiltrarse entre las trepadoras. Anda aplícale la ley de seguridad jardinera y rocíalo con herbicida, verás como lo dejas seco”.



"Que los brotes verdes no existen, que son los padres…quiero decir las estadísticas falseadas..."

Escéptico con las palabras de su supervisor en el cargo, Críspulo cogió el bote de herbicida y se fue acercando con precaución hacia el renuevo. Había oído decir en muchas ocasiones que los brotes del gobierno no eran de fiar y no sólo mentían -que era lo habitual- sino que si te descuidabas te atacaban con una subida de luz o con algún copago para chuparte la savia y dársela a los banqueros o a los grandes empresarios. Vamos... que te podían sumir en la pobreza o el desahucio en un plazo record de tres meses y se quedaban tan anchos. Y como el resto de plantas no se movían ni protegían unas a las otras, los brotes se extendían con todo el descaro del mundo y se apoderaban poco a poco de los terrenos en los que todas las plantas podían tomar nutrientes de forma gratuita, para privatizarlos y hacer de ellos un secarral. Eran, en general, plantas muy egoístas que sólo se movían por la savia y no tenían ningún escrúpulo en corromperse a cambio de savia y más savia. Así que la cosa no era como para tomársela en broma.


Quizás por esta circunstancia Críspulo se armó de valor y decidió rodear el brote hasta buscar su lado más hipócrita para evitar que le atacase, ya que sabía por los comentarios de algunos compañeros, que los brotes solían disfrazarse frecuentemente para aparecer ante las demás plantas como brotes serios y amables, y confundir así a la opinión de los muchos pulgones ingenuos que les seguían sin rechistar, aunque no faltaban tampoco los que recibían unas sustancias azucaradas en forma de sobres que brotaban de sus poros. 


"aunque no faltaban tampoco los que recibían unas sustancias azucaradas en forma de sobres que brotaban de sus poros"

Al acercarse aún más lo tuvo claro…. No había ninguna duda.... dijera lo dijera Tomás, aquello era un brote del gobierno y bien gordo…. Vamos, como que en su vida había visto un brote más manipulado genéticamente que ese y más cargado de propaganda. Se notaba que era un brote bien regado por años de fanatismo e insolidaridad, así que no lo pensó dos veces y estampó su bota contra la mala hierba, dejándola despachurrada al instante. Una sensación de paz y tranquilidad invadió a Críspulo al instante, y por una vez en su vida respiró la gloria y la justicia de los héroes. Tenía la certeza de haber librado al parque de una terrible plaga o algo mucho peor, por lo que feliz y contento decidió regalarse a sí mismo con el mejor de los premios: unos chatos en el bar de fritas acompañados de una ración de oreja a la plancha. Ciertamente la felicidad estaba entre las cosas pequeñas.



En homenaje a los hombres y mujeres que luchan de forma anónima por nuestros derechos.




Desde uno de los árboles secos del parque, les informó: Virtudes Terrenales


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