-->

miércoles, 22 de enero de 2014

Menuda Nochebuena (cuento de Navidad).

Nochebuena en familia, que buenos momentos... ¿verdad Saturnino?



Saturnino García-Arroba, recordará la celebración de la Noche Buena de 2013 como una auténtica pesadilla. Muchacho apuesto y bien parecido desde su adolescencia (gracias entre otras cosas a su obsesión por el deporte y las horas de gimnasio y proteína que llevaba a sus espaldas) desarrolló un tipito bien proporcionado y unos musculitos bien marcados, que le facilitaron el acercamiento de las féminas, más preocupadas a esas edades por saber si tenía tabla de lavar en la tripa y utilizaba ropa de marca, que por saber si era capaz de hacer algo más que la clásica o con un canuto.



Hasta ahí lo habitual. La cuestión es que merced a sus encantos físicos, que no intelectuales, el angelico consiguió echarse una novia aparente y de buena familia, con tierras en varias zonas de la población y cerca de trescientos mil quilos de uva al año. La madre de Satu, que tenía complejo de pobre y ganas de ascender en la escala social, aleccionaba a su chico para que sujetase bien ese noviazgo, pensando que si lo casaba con una cuquillera se convertiría automáticamente en una señora bien y por descartado en la envidia de sus amigas y vecinas, que era en el fondo lo que más le interesaba. Gastó para ello lo que no estaba en los escritos, con tal de que no le faltase al niño ningún tipo de ropa de marca con la que aparentar, y hasta le compró un Seat León para que pasease a la niñata de los cuquilleros, obligándose con ello a no comer nada más que arroz y garbanzos en cinco años. Le daba igual. "Una inversión es una inversión" -pensaba ella- Si conseguía que su chico se casase con la cuquillera, habría triunfado en la vida.


No sabía la madre de Saturnino que, como buenos cuquilleros, a la familia de su futura nuera no le gustaba gastar ni lo estrictamente necesario, vamos que eran ruines y avaros hasta lo indecible, y preferían ahorrar en calefacción y otras comodidades con tal de comprar tierras y más tierras. Eso sí, por Navidad como excepción, tiraban la casa por la ventana (y mira que estaba para tirarla entera) y celebraban una cena medianamente normal como las personas humanas, con su cordero, sus vasos de nocilla desgastados y hasta una servilleta para cada uno.

"vamos que eran ruines y avaros hasta lo indecible, y preferían ahorrar en calefacción y otras comodidades con tal de comprar tierras y más tierras"

Como era la primera vez que Satu acudía a la casa de la novia, su madre le compró un esmoquin con pajarita y la colonia más cara que encontró -de nombre impronunciable- con tal de que pareciese un actor de la tele y los dejase a todos boquiabiertos. A eso de las 10 en punto se presentaba el chico en la calle Almaguer, presionando el timbre de la puerta mientras se centraba la pajarita. Un minuto más tarde tenía que echar mano del llamador porque el timbre no funcionaba. Después de apartar la raída cortina y enfrentarse a la cara de bobo que puso el hermano de su novia cuando lo vio vestido de aquella manera, Satu entro en la casa y siguió a su cuñado por un largo y gélido pasillo, hasta llegar al cuarto de estar. Una vez dentro y aventurándose entre la espesa zorrera de humo que soltaba la chimenea, Satu se atrevió a hablar.


"¿Buenas y la Mari?" Fue lo único que se le ocurrió decir a la criatura, antes de chocar con la abuela que permanecía acurrucada junto al fuego entre la penumbra de humo. "¡Maaariiiiiiiii" -chilló la vieja- "¡que ya está aquí tu novio! ¡Deja ya de amontonar cepas y atiende al muchachoooo!"


"¿A lo mejor he llagao un poco pronto?" -comentó Satu entre dientes-


“No hombre no” -respondió su suegro que entraba en ese momento en la habitación con el ato del campo- "¡Antoñaaaaaa!" –gritó el susodicho- "¡Pon el hule que ya está aquí el muchacho! Yo vóy a quitame to este barro, que he estao terminando un piquejo que me quedaba en la lastra”.


"¡El calentador está apagao!" -se oyó gritar a la Antonia desde la cocina- caliéntate una palancana de agua y lávate un poco.


“Uy hermoso si estás aquí ya” –entró de repente su futura suegra limpiándose las manos con el mandil y soltándole dos sonoros besos- “Ala siéntate donde quieras, tú como si estuvieras en tu casa. ¡Mariiii!" –chilló ahora la suegra- “ves poniendo los platos que el perol está ya casi hecho”


En ese momento la abuela atizó la lumbre, levantando numerosas chispas y bolliscas que fueron a aterrizar en el traje del muchacho, ocasionándole diversas agujeritos de formas y tamaños variados en el esmoquin.


Después de un buen rato sentado en una pequeña sillita de enea repleta de pelos de gato -que inmediatamente se le pegaron en el traje- y de saludar a su novia con una risilla cómplice y un besillo a escondidas, por fin se sentaron en la mesa.


“Échale un poco de vino a tu novio” -ordenó el padre a la Mari- pasándole una garrafilla recubierta de tiras de plástico trenzado blancas y verdes.“Aquí que no falte de ná eh, que un día es un día” -añadió el suegro- levantando uno de esos vasos de nocilla desgastados por el uso. “Eso sí, antes a rezar, que eso es obligación de un buen cristiano. Venga….Bendice señor estos alimentos que vamos a tomar…. bla bla bla… y el que no tenga pa echale al güalguero que se joda hasta febrero… jajaja… Ala a hincale el diente al cordero”



“Aquí que no falte de ná eh, que un día es un día” añadió el suegro levantando uno de esos vasos de nocilla desgastados por el uso"

Nada más meterse un trozo en la boca, Satu se dio cuenta de que lo de hincar era literal, pues aquello no era cordero lechal ni recental, sino carne Graná pura y dura -sobre todo dura- de la que llevaba su madre para hacer los guisaos. En un barreño situado en el centro de la mesa, su futura suegra había colocado también un mojete con tomate de bote, cebolla y aceitunas, para acompañar ese menú navideño especial que deglutían los miembros de su futura familia con auténtica pasión, pero que a él le costaba masticar y masticar, y encima se le enredaba en los brackets que le había colocado el dentista a instancia de su madre, empeñada como siempre en que la dentadura de su hijo fuera perfecta para parecerse a un actor de cine.


La Mari mientras tanto, con cara de tonta, mostraba la caja de dientes cada vez que se reía con la boca llena, poniendo una expresión bastante desagradable y desconocida hasta entonces por Satu. En esto que su cuñado, más joven que la Mari, al levantarse para poder mojar un cantero de pan en el barreño, rozó sin querer el vaso de nocilla de Satu, derramando el vino encima de los impolutos y bien planchados pantalones. Pero ahí no quedó la cosa, pues al intentar evitarlo, el chico soltó el cantero de pan con mojete sobre la solapa del esmoquin, dejándole una fea mancha aceitosa que su suegra le extendió aún más al intentar secarla con la servilleta.


"¡No pasa nada!" -atinó a decir el angelico- "me quito la chaqueta y ya está"


¡Craso error!…… pues pronto comprobaría en sus carnes que lo de la falta de calefacción puede llegar a ser un auténtico problema en determinados días del año. Cómo sería la cosa, que la abuela, con más cabeza que ninguno de la familia, cogió uno de sus chaparros y se lo hecho al muchacho en los hombros diciéndole: “toma hermoso que veo que te estás quedando pajarito y no dices ná” La comida siguió a partir de entonces entre risas, con ese punto de humor que daba el chaparro de la abuela encima de la camisa y la pajarita de Satu, y como postre especial se embutieron dos melones que tenía su suegro colgados en la cámara, que a pesar de estar un poco pasados, fue lo que más agradeció Saturnino de toda la cena.


“Saca los dulces Antoñaaa” -exclamó de repente su suegro- “que una Nochebuena sin dulces no es Nochebuena” Y al rato apareció la suegra con una bolsa de rosquillos, otra de magdalenas, unas escarchás y unos cuantos polvorones colocados sin orden ni control en una cesta de plástico de los chinos. “Tráete también la botella de mistela que seguro que Satu no ha catao una cosa tan rica en su vida” Ante la difícil elección que se le presentaba con los dulces y la mistela, y temiendo tirar por tierra una semana de gimnasio si se comía uno de esos secos rosquillos, optó finalmente por comerse un polvorón.


“Saca los dulces Antoñaaa, que una Nochebuena sin dulces no es Nochebuena” Y apareció la suegra con una bolsa de rosquillos, otra de magdalenas, unas escarchás y unos cuantos polvorones colocados sin orden ni control en una cesta de plástico de los chinos"


¡Craso error de nuevo!... pues un polvorón es siempre la peor opción si se está nervioso, incomodo o inseguro. Porque lo habitual, como en el caso de Satu, es que sin darte cuenta respires mientras estás comiendo y hablando, e introduzcas en los pulmones una buena dosis de polvo-ron, que te producirá una rápida y fortísima tos y hasta –como en el caso de Satu- un auténtico ahogo. Porque a pesar de que su suegra intentaba justificar aquella repentina tos diciendo que se le había ido por otro lado, lo cierto es que el chico se iba poniendo rojo por momentos y se le iba desencajando la cara. En vista de que aquello no iba a menos y a pesar de que todos le daban golpecitos en la espalda y no reaccionaba, la abuela -como siempre la única con un poco de sentido común en esa familia- le soltó un pescozón a la criatura en toda la cara que lo dejó medio alelao, pero consiguió que, como si de una explosión se tratase, la criatura vomitase todo el cordero (perdón la carne graná) el vino de la cooperativa y los polvorones, sobre la cara de sus futuros suegros, cuñado y novia, a la vez que por fin tomaba una salvadora bocanada de aire.


“Me voy a mi casa” atinó a decir Satu con cierta dificultad, mientras su novia seguía con la misma cara de tonta que cuando llegó. "¿Quieres que te llevemos?" -exclamó su suegro- Tengo el tractor en la puerta. No no déjelo ya me apaño -respondió Satu- saliendo escopetao de aquella casa.


Cuando al abrir la puerta de su casa Satu se encontró con su madre, ésta comenzó inmediatamente a chillar y a acordarse de la Virgen de la Muela."¡Ay virgen rica! Que mi chico ha tenío un accidente, ¡Ay Virgen rica! ¿Pero que te ha pasao? ¿Que te ha pasao? Contesta hijo mío…. dile a tu madre lo que te ha pasao" Después de un breve rato pensativo y a punto de llorar, finalmente Saturnino respondió con muy mala leche: “Peor que un accidente de coche madre, mucho peor, he estado cenando en casa de los cuquilleros más ruines de Corral de Almaguer”


Desde la calle la Alcuza: Crisóstomo Muguruza.


1 comentario :

  1. Estas cosas han sucedido muchas veces por la avaricia de unos y la ruindad de otros. Victoriano rutajacobeadeloscalatravos.blogspot.com

    ResponderEliminar

Danos tu opinión pero no te enrolles, no sea que te hagamos menos caso que al pregonero de la Función.

Archivo del blog

 

Copyright 2013 All Rights Reserved CORRAL DEscaradaMENTE is a resgistered brand by some correalenians with tons of imagination