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miércoles, 16 de octubre de 2013

Varios estudios avalan que el mal uso de la siesta ocasiona agresividad en los corraleños.

Esto es lo que encontramos una tarde de verano cualquiera en nuestro parque.





Según la prestigiosa revista “Science” el uso descontrolado de la sana costumbre de la siesta está provocando problemas de conducta, tanto entre los corraleños de edades tempranas, como en los mayores de edades longevas.


Para indagar un poco sobre el tema, enviamos en hora punta de una tarde de verano a nuestro reportero más avispado, Sónsilo Cansino, con el objetivo de que nos informe de primera mano si lo que se habla es cierto, o son simples exageraciones de la gente. 


Después de atravesar la Calle Real en pleno mes de agosto y 40 grados a la sombra sin encontrar un alma, decidió bajar por las Tenerías por si corría un poco el aire, y a la altura del famoso Bar de Fritas se encontró con tres perros callejeros que no paraban de olerse. En la terraza del bar se encontraba un simpático cliente del prestigioso bar, ataviado con gafas de culo de vaso, palillo en la boca, pantalones hasta los sobacos y cerveza en mano, que se dirigió a él en estos términos:

"Estos perros de callejeros nada ehh….. que son de “los cerdillos”.

"Y a to esto ¿qué haces a estas horas por la calle jodío, no ves que es la hora de la siesta y está tol mundo echao en sus casas?. Ayyysss como se nota que no eres del pueblo"


 "no ves que es la hora de la siesta y está tol mundo echao en sus casas?. Ayyysss como se nota que no eres del pueblo"

Cual druida que avisa antes de entrar en un enmarañado bosque, este simpático ejemplar le anunciaba lo que se le podía venir encima. Pero nuestro osado reportero, acostumbrado a tratar con este tipo de lugareños autóctonos, hizo oídos sordos a sus comentarios y siguió con su cometido, aunque no tardaría en acordarse de sus recomendaciones. 


Harto de atravesar las calles sin nadie que entrevistar, decidió llamar directamente a una puerta donde, después de varios intentos, salió una mujer setentona ataviada con una bata fresquita, los pelos alborotados, ojos hinchados y cara de pocos amigos, que se encaró a él con las siguientes palabras:

"¿Qué horas son estas de molestar a la gente? ¿No sabes que es la hora de la siesta? ¿Pero es que tu no eres de este pueblo o qué?..... vamos que no hay manera… está una tan ricamente echá la siesta y es clareao el día que no suena el teléfono con las ofertas del interné, o el timbre de la puerta para joder la marrana"

"Perdone señora, sólo pretendía hacerle algunas preguntas sobre el hábito de la siesta, ya que nos han contado que están empezando a aparecer los primeros casos de agresividad en quien la practica" La cara de la mujer pasó del enfado a la de “como pille un palo te vas a enterar jodío tonto” 

"María, ¿qué pasa ahí, quién llama a estas horas?" una voz masculina salió entonces del interior de la vivienda. "¿Es que no sabe que la siesta es sagrá? Mándalo a hacer leches"

"Tranquilo Pepe que es uno que viene haciendo encuestas, a este lo despacho enseguida." Y sin mediar palabra le dio con la puerta en las narices.


Nuestro emisario pudo comprobar así, que estaba ante un claro ejemplo de lo que comentaba la prestigiosa revista americana. Un poco más adelante, a la altura del Rollo, vio a unos abueletes sentados en unos bancos cerca del río. Sónsilo, que andaba desesperado, se acercó rápidamente para preguntarles por el tema.

"¿La siesta? huy hermoso…….si yo estoy aquí es porque la parienta me ha echao precisamente por no querer echarme un cosquín. Porque menudas siestas se apreta la hermana, son de esas de pijama y orinal. Y claro, en cuanto uno no duerme, parece que le molesta y se le pone una mala fondinga que me tengo que venir al río donde me suelo encontrar con estos compañeros que les pasa tres cuartos de lo mismo. A sí que to los días sobre estas horas nos juntamos aquí a escuchar el canto de las ranas, aunque con el calor y el río tan guarro, ni ranas ni ná"


"si yo estoy aquí es porque la parienta me ha echao precisamente por no querer echarme un cosquín. Porque menudas siestas se apreta la hermana"

He aquí otro claro ejemplo del mal carácter que produce entre los lugareños la costumbre de la siesta -pensó Sónsilo- está claro que las personas afectadas por esta enfermedad no atienden a razones, e incluso son capaces de despreciar y echar fuera de sus casas a sus propios cónyuges con tal de que los dejen tranquilos. La cosa por lo que se ve es mucho peor de lo que nos imaginábamos.


Avanzando hasta el bar de Truquetín, se encontró de repente con un fornido cliente que dominaba perfectamente la técnica de dormirse en una silla puesta del revés y con los brazos apoyados en el respaldo. El cliente, que debía estar en duerme-vela, al notar la presencia de nuestro compañero, reaccionó como un rayo y sin mediar palabra le atizó con un botellín en la misma sesera, dejándolo seco en el suelo. 

"¿Qué querías zángano, robame aprovechando que estaba dormío eh? Pos toma, pa que te vayas contento. Que vosotros los forasteros no venís más que a robar y hacer maldades. Pa que te acuerdes de este pueblo"
 

Y bien que se acordó nuestro valiente reportero. Después de este encontronazo, Sonsi tuvo que ser ingresado en el hospital de Alcázar de San Juan (famoso por saber cuando entras, pero no cuando sales) donde le tuvieron que dar ocho puntos de sutura después del trastazo que le atizó semejante bestia, convencido de que había librado al pueblo de un peligroso ladrón. 


Y así quedó nuestro reportaje a medio terminar, aunque con la comprobación efectiva de que la costumbre de la siesta despierta en los corraleños impulsos primitivos y una mala leche que no te quiero ni contar, haciendo que molestar a quien la practica sea considerada una actividad de alto riesgo. 



Recuperado del coma y desde el hospital de Alcázar, les habló: Sónsilo Cansino.


1 comentario :

Danos tu opinión pero no te enrolles, no sea que te hagamos menos caso que al pregonero de la Función.

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