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miércoles, 24 de julio de 2013

Graves altercados en el Centro de Salud.

Grupo de ancianos mostrando su cabreo delante de nuestras cámaras. Cualquiera les dice nada, Glup.

Bien es sabido por todos que nuestro sistema de Salud se va desmoronando por momentos y que las continuas manifestaciones de los profesionales de la sanidad, negándose a aceptar que la salud se convierta en un negocio privado, entran por un oído a nuestros políticos y les salen por el otro. 

 

Ejemplos cercanos como el de las urgencias de Tembleque, nos pusieron en aviso de que se están empezando a producir situaciones de auténtica angustia, con falta de médicos, camas, aumento en las listas de espera, escasez de materiales, pago de medicinas y un largo etcétera de deficiencias, que nuestros políticos regionales no parecen tener prisa en resolver. Vamos, que mejor no ponerse enfermo en estos tiempos que corren.

En este sentido, lo sucedido el pasado miércoles en el centro de salud de Corral, puede ser el principio de algo que amenaza con convertirse en un auténtico problema.

Eran las 8 de la mañana y Antoñita o “Antonita” como suele pronunciarse en el pueblo, se dirigía al centro médico para que le recetasen sus pastillas para “salir fuera” como a ella le gusta explicar a quienes le preguntan. Todo parecía transcurrir con normalidad, hasta que entró en la sala de espera y se la encontró totalmente abarrotada de gente.


-¿Chicas pos qué pasa, qué es to este escándalo?

-Su amiga Boni, que reflejaba en su cara el calentón de una trifulca mañanera, le respondió:  

¿No te has enterao? Jamía, después de venir emperifollás a que nos recetasen nuestras medicinas y dejar a nuestros hombres solos en casa, ahora resulta que Don Alberto nos dice que se le han agotao las recetas y que para colmo no funciona ni la impresora porque no hay dinero pa recargarla de tinta. Dice que con los recortes no la podrán reponer hasta la semana que viene, por lo que nos sugiere que nos vayamos a nuestras casas que los corraleños somos muy gastones en esto de las recetas.


"después de venir emperifollás a que nos recetasen nuestras medicinas y dejar a nuestros hombres solos en casa, ahora resulta que Don Alberto nos dice que se le han agotao las recetas"


-¡No fastidies Boni! ¿Entonces que tenemos que hacer pintarlas? ¿No hay posibilidad alguna de recetar de otra manera? Volvía a preguntar Antoñita


-Te cuento respondió la Boni. La Mari, que ya conoces como es, se ha levantado y le ha dicho bien claro al médico que ella no puede estar sin sus pastillas para los gases, que las necesita como agua de mayo. Don Alberto le ha dicho que eso era imposible y ella, que es muy bragá, con esa leche que le caracteriza, le ha soltao al médico toda clase de insultos y hasta una galleta de la misma desesperación.

Lógicamente el ajetreo alertó a los demás médicos que salieron en defensa de su compañero, pero enseguida se levantó la Juliana, que venía de por el pan a que le recetasen algo para sus angustias y, como es tan grandona, cogió al practicante Nicomedes por el pantaloncillo y le arreó un tetazo que lo dejó medio alelao.


Antoñita, estupefacta de asombro por lo que le había contado su amiga Boni, exclamó:  
-Pues yo no puedo estar con estas molestias en los estentinos, así que algo me tienen que recetar.


-Pos espera y verás, que aquí no se acaba la cosa, añadió la Boni.


-El tio Gonzalo, que estaba esperando que le recetasen sus medicinas para el reuma, de pronto se lía a gritar eso de “La sanidad pública no se vende, se defiende” y con las mismas le arreó un garrotazo a Margarita la médica sostituta, la cual no paraba de decirle que sí, que tenía razón, pero que dejase de darle con la garrota…y ahí se descontroló to.

Las sillas volaron por los aires junto con las barras de pan, los calandrajos, las zapatillas de paño, alguna dentadura y hasta los talonarios de los volantes….servidora vio hasta unas bragas de cuello alto utilizadas como mordaza para callar a la que reparte los números. Y es que ricona, necesitábamos esfogar tanta frustración y tanta injusticia, y les tocó a los médicos.

"Las sillas volaron por los aires junto con las barras de pan, los calandrajos, las zapatillas de paño, alguna dentadura y hasta los talonarios de los volantes….servidora vio hasta unas bragas de cuello alto utilizadas como mordaza"


La Puri, que ya sabes cómo las gasta, arremetió contra la recepcionista que intentaba a su vez ayudar a Paco el médico, mientras le decía: "toma so fastidiá por no cogerme el teléfono y hacerme venir desde Santa Ana; que por tu culpa no he podido poner las lentejas. La Tomasa en ese momento cogió el relevo y le arreaba también diciendo: ”toma esto por ser tan seca y tan importanciosa cuando lo coges”….En definitivas cuentas, que allí cobró media sanidad pública y los médicos y enfermeros pagaron el pato del abandono de los puñeteros políticos, que son a los que de verdad deberíamos haber arreao, pero como esos no están nunca.


-¿Y cómo acabó todo? Preguntó la Antoñita, impaciente por conocer el final de semejante revolución.


-Pos parece ser que en una de estas, la Jacinta se distrajo un poco y Paco el médico llamó por teléfono a la empresa de las tintas, que rápidamente trajo varios cartuchos que tuvo que abonar el médico de su bolsillo y automáticamente se pusieron a imprimir. Eso sí, al no haber recetas, las tuvieron que hacer con papel de váter que parece ser que era lo único que no escaseaba en el centro de salud, por las continuas diarreas que sufren los médicos por esto de los recortes.


Y en esas estamos jamía…..ya con los ánimos más calmados, esperando mi turno para que me receten. Oyes es que no hay derecho, que para una cosa buena que teníamos en este país y para un lugar que teníamos los mayores para hacer vida social y estar entretenidos, van y nos lo quitan…..No hija nooo… ya verás cómo la próxima vez se lo piensan dos veces y hacen las recetas con la jeta si es necesario.


Antoñita y Bonifacia salieron tan contentas con sus rectas en la mano, partiendo cada una para sus quehaceres cotidianos, con la seguridad de que mañana podrían volver de nuevo a por sus recetas y disfrutar de las tertulias y lamentaciones que hacen más llevaderos los días a las personas de la tercera edad.


¡Hay cosas que nunca se deberían tocar por muchos recortes que haya!

Y de paso que sepan nuestros gobernantes que con los ancianos corraleños no se juega.


Desde el Centro de Salud, mirando la cara que le han dejado a la recepcionista: Leandro Gado

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