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lunes, 6 de mayo de 2013

Encontrado en Corral el gen responsable de nuestra afición al cotilleo.


Científica pillada recogiendo muestras para el estudio genético.

Una vez más la prestigiosa Universidad de Massachusetts ha vuelto a fijarse en nuestro pueblo (desde que trabaja allí el hijo de la Inocenta, todo hay que decirlo) para demostrar científicamente que los corraleños tienen un gen de más que explicaría su afición al cotilleo. 



Si terminara por descubrirse la existencia del mencionado gen, la conocida frase: “en Corral se critica como en to los laos” dejaría de tener sentido y el cotilleo sería considerado como primer deporte municipal.


Adelantándonos unos días a la Universidad, quisimos investigar por nuestra cuenta en los lugares más emblemáticos y donde teóricamente más se practica este curioso deporte local del que muchos hacen su forma de vida.

Comenzamos por ello en las peluquerías y concretamente en “Peluquería Mary” donde nos recibió una simpática chica de pelos alborotados, blanco platino, que parecían picados por los pollos. En el interior, numerosas mujeres con rulos que esperaban su turno de peinado, comenzaron automáticamente a mirarnos y comentar por lo bajini:



-¿Chicas quién son estos?..... -”No sé, creo que ella es forastera y él es el hijo la Damiana”


-“Uhh te confundes hermosa, si ese chico era feísmo de pequeño”… 


-“que sí que sí, que creció la criatura y se arreglo un poco”


-“Pos ella está escurría y no tie chichas ningunas y él una cara sónsilo que no puede con ella. No creo que sea el de la Damiana”


-“Pareces de otro pueblo, no te acuerdas que se habló que cuando el marido estaba en Madrid trabajando, ella se veía en el bar de las vegas con el Esusebio con la excusa de que iba a echar la quiniela. Desde luego hija mía estas en el mundo porque tie que haber de tó”


Hasta que finalmente una de ellas no se pudo contener más y soltó aquello de:

-¿De quién sois hermosos...?


Una vez aclarados nuestros orígenes, nos despedimos del local con la sensación de que si volvíamos la cabeza nos encontraríamos con la clientas asomadas a la puerta mirándonos de arriba abajo, como así ocurrió. Convencidos pues de que lo del gen iba a resultar verdad, nos dirigimos después a uno de los muchos establecimientos frecuentados por hombres -en este caso el Bar de Fritas- para intentar descartar el tópico de que sólo la mujeres cotillean.



"nos despedimos del local con la sensación de que si volvíamos la cabeza nos encontraríamos con la clientas asomadas a la puerta mirándonos de arriba abajo"


Traspasada la puerta, nos encontramos con varios hombres de barbas cerradas y palillos en la boca, ataviados con sus uniformes de trabajo y botellines en las manos. Una inquisitiva mirada y un profundo silencio siguió a nuestra entrada en el local. Después de pedir un zumo de piña para mi compañera y un rioja fresquito para mí, el camarero nos aclaró con cierto recochineo que justamente to eso se les había acabado esa mañana, por lo que nos ofrecía como alternativa una copa de Marie Brizard para mi acompañante y un vino de la tierra para mí, con unos cuantos garbanzos tostaos.


Más relajados ya, los clientes comenzaron a murmurar sin por ello dejar de mirarnos.


-“Te paece que los del zumo”…. ¿estos que son, inginieros del Quintanar?, acertamos a oír entre murmullos y toses de fumadores.


-“Que no, que estos son de ahí de los jamones que van buscando gente pa la ampliación. Estírate Anacleto que lo mismo te fichan”
añadieron entre risas y burlas.


- "más jodío, pos aquí me tienen, que tanta gente que iba a entrar en los jamones... y yo no veo na de ná. Pa mi que nos han vuelto a engañar estos que mandan"

 
-“Pos pa mi que estos son hijos de los peluchos que tienen la nariz aguileña como su padre”

 


-“Ña que decís tontás, ¿No veis que son catecumenales desos? Que tengo unos cuantos en mi calle y están to el día de reuniones”



"una inquisitiva mirada y un profundo silencio siguió a nuestra entrada en el local"




Cansados de tanto absurdo comentario, nos fuimos espantados de aquel auténtico nido de cotillas, dirigiéndonos hacia la plaza del pueblo. Nada más llegar comprobamos que dos mujeres hablaban en voz baja mientras una le quitaba a la otra las pelusas de la rebequilla.


-“tu fíjate, con lo que han sio, les está bien empleao por estrozaores”



Al otro lado de la plaza, unos ancianos comentaban la muerte de un paisano, aportando cada uno su versión rocambolesca.


-“Yo creo que sa muerto de un infarto porque no aguantaba a su mujer”


-“que no hombre, que ese día había discutío con el cuñao y en el campo fue donde le dio el zurritaite”


-“Pues a mi me dijeron que to le venía de un uñero que se le infectó y le provocó una embolia que lo dejó seco”



Convencidos ya plenamente de que la Universidad de Massachusetts iba bien encaminada con lo del gen, nos volvimos hacia la redacción, sin darnos cuenta de que íbamos de camino poniendo verde a nuestra nueva compañera, de la que se decía que estaba donde estaba por acostarse con el jefe, además de que uno de sus hijos era de un amante que tuvo con un rico del pueblo que cayó en la miseria por no saber administrarse. Pero vamos eso sólo eran “comentarios”



Desde la tienda de la Teresita: Encarna Vales Mojas y Ramón Calavera Calva.



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