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lunes, 22 de abril de 2013

¡COLABORACIÓN! El tío Cachiporro que Dios perdone.


                     ¡COLABORACIÓN EXCLUSIVA PARA CORRAL DEscaradaMENTE!
Se sabe que el tío Cachiporro levantaba pasiones entre las mozas corraleñas.

Contaba el tío Cipriano, Dios lo tenga en su gloria, que siempre hubo entre la población habitantes que destacaron por su sabiduría o por su belleza, además de otros que sobresalieron por su fiereza, su brutalidad o su borriquería. Entre éstos últimos se encontraba Cachiporro Fanegas, espectacular mozo corraleño, tanto por sus dimensiones como por su fortaleza y buen corazón.

 

Vamos, que lo que tenía de grande lo tenía de bueno el jodío muchacho. Decía el tío Cipriano, con mucha gracia por cierto, que un buen día Cachiporro tuvo que trasladarse a Madrid con el carro para solucionar no sé qué problema de reclutamiento. Puesto que se trataba de un hombre grande y fuerte, sus alforjas iban bien repletas de comida por si las cosas se dilataban en el tiempo y se tenía que quedar varios días en la capital. Como gustaba también de refrescar el güalguero, se llevó una arroba de vino para facilitar el acceso de las viandas. 



"Puesto que se trataba de un hombre grande y fuerte, sus alforjas iban bien repletas de comida por si las cosas se dilataban en el tiempo y se tenía que quedar varios días en la capital"


Por aquellos tiempos, para poder entrar productos para la venta en las poblaciones se pagaba una tasa o portazgo; por lo que cuando los funcionarios vieron la cantidad de comida que llevaba Cachiporro en el carro, le pidieron el correspondiente impuesto pensando que era para su venta.


“Miren ustés que to esto es pa mi consumo” -decía Cachiporro a los funcionarios- intentando convencerlos de que aquella desorbitada cantidad de comida no era para la venta sino para su propio mantenimiento. Los funcionarios incrédulos, le decían que si no pagaba no entraba. Y Cachiporro, que era más bien agarrao y cabezón, se negaba en rotundo a soltar un real por su comida. Así estuvo unas cuantas horas, hasta que, viendo que se le pasaba el tiempo, Cachiporro no tuvo más remedio que agachar la cabeza y decirles a los funcionarios que le dijeran cuanto tenía que pagar por la comida:

- Medio real por la comida y otro medio por la arroba de vino -contestaron los funcionarios-
- Tengan ustés, medio real por la comida, que por el vino no pago.
- ¿Cómo que no paga por el vino? Pues entonces no pasa.



"Cachiporro, que era más bien agarrao y cabezón, se negaba en rotundo a soltar un real por su comida"


Y ni corto ni perezoso descorchó la garrafa y se la puso en posición, comenzando a ingerir el vino como si de agua se tratase, dando cuenta de la arroba después de cuatro descansos y un par de regüeldos. Cachiporro les dijo entonces: ¿Ven ustés como no voy a pagar por el vino? Y boquiabiertos, los funcionarios no tuvieron más remedio que dejarle entrar.



Decía el tío Cipriano, que era mu de bulla, que en otra ocasión haciendo una apuesta le echaron un brazao de alfalfa a Cachiporro y otro a un macho-cabra, y ante los ojos atónitos de los congregados acabó primero Cachiporro ¡que ojo el saque que tenía!. 



Exagerando ya un poco, contaba también el tío Cipriano que cuando estaban en el campo y llegaba la hora del rancho, a Cachiporro no le gustaba nada esperar, por lo que, sin hacer tiempo a que la comida se enfriase, se la metía pa el gaznate recién “apartá” y se oía cómo le seguía hirviendo y haciendo golgoritas dentro de la boca.


Ahhh que buenos momentos pasamos con los chascarrillos del tío Cipriano. 



Desde la viña de la señá María, les informó: Victoria Pírrica




1 comentario :

  1. Esas historias me las contaba a mi también mi abuelo. Me han gustado mucho y me he reido mucho

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